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lunes, 8 de febrero de 2021
domingo, 17 de febrero de 2019
5 lecciones que los chimpancés nos pueden enseñar sobre política

Por:Redacción
BBC Mundo
¿Qué pueden aprender los políticos de los chimpancés?
A fines de los años 70 tuvo lugar un drama político en Holanda del que pocos se enteraron.
Yeroom, era líder de una comunidad y después de estar en el poder durante mucho tiempo, intentaban derrocarlo.
Su liderazgo cada vez más autocrático había provocado que uno de sus rivales más jóvenes y ambiciosos reuniera a un grupo de simpatizantes.
A medida que a Yeroom se le evaporaba la confianza en sí mismo, el joven rival se sentía cada vez más cerca de la victoria y le ofreció al viejo líder un cargo en una nueva administración.
Yeroom aceptó. Pero en secreto hizo una importante alianza con otro joven rival, Niki, y juntos lograron derrocar al nuevo líder.
Niki asumió el poder pero quien verdaderamente siguió al mando de la comunidad fue el hábil y viejo Yeroom.
Esta historia quizás no tendría nada de interesante si no fuera porque no ocurrió con humanos. Tuvo lugar en un zoológico y los protagonistas eran chimpancés.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Esta historia del ascenso y caída de Niki, el chimpancé, fue tomada del libro "La política de los chimpancés", de Frans de Waal, primatólogo holandés, profesor de la Universidad de Emory y director del Centro Nacional de Investigación de Primates en Atlanta, Estados Unidos.
Como demuestra su desenlace, las maquinaciones políticas de estos animales nos dicen mucho sobre nuestro propio mundo humano.
De hecho, hay cinco lecciones que los chimpancés, nuestros parientes más cercanos, nos pueden enseñar sobre política,
1. Mantén cerca a tus amigos y aún más cerca a tus enemigos
Estos primates extremadamente inteligentes viven en grupos sociales de unos 50 miembros.
E igual que en los humanos, los grupos de chimpancés tienen una jerarquía y cuentan con líderes. Y también, como los humanos, los chimpancés tienen un enorme deseo de poder.
"Los grupos están dominados por los machos, los machos dominan a las hembras, y entre los mismos machos hay una lucha para destacarse como el macho principal", le explica a la BBC el profesor Frans de Waal.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
"Esto es lo que se conoce como la sed de poder. Luchar para ocupar la posición más alta, para obtener ciertos beneficios como alimentos y hembras y, en ocasiones, surgen machos que pueden ser el macho alfa hasta por 12 años, como se ha llegado a observar en estudios".
Por supuesto que llegar a ocupar la posición de macho alfa tiene algo que ver con fuerza física, pero quienes logran llegar al liderazgo son animales intensamente políticos.
"Tu fuerza se mide de acuerdo a cuántos individuos te apoyan y a cuántos amigos tienes dentro de la política del grupo, porque una sola persona no puede controlar a toda una comunidad", le explica a la BBC la doctora Alison Cronin, directora de Monkey World, en Somerset, Inglaterra, el mayor santuario de primates fuera de África.
2. Cuando establezcas alianzas, elige a alguien débil y no al que es más fuerte
Así, un chimpancé que quiere ascender al puesto más alto necesita amigos pero también necesita aliados y, lo más importante, necesita una estrategia.
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Y, como explica Frans de Waal, esto se resume en coaliciones de conveniencia que cambian continuamente.
"Si tenemos un grupo con tres machos y uno de ellos es extremadamente fuerte, los otros dos tenderán a aliarse en contra del más fuerte. Porque si se unen al macho más fuerte saben que se convertirán en solo un accesorio de su poder".
"En cambio, si uno de ellos se une a otro macho que es tan débil como él, entonces habrá una alianza que será esencial para la coalición", explica el experto.
Así es exactamente como se forman las coaliciones de los partidos políticos humanos, como le dice a la BBC Simon Jix, profesor de ciencias políticas de la London School of Economics.
"Por ejemplo si tenemos tres partidos en un parlamento, uno de ellos grande y dos pequeños, se pensaría que la coalición más obvia es del partido grande con uno de los dos pequeños".
"Sin embargo, las predicciones para ganar una victoria mínima muestran que para obtener esa victoria los dos partidos pequeños deben unirse si juntos pueden obtener más de 50% de los escaños porque así pueden dividirse el poder entre ellos dos".
"Mientras que si uno de los pequeños formara una coalición con el partido grande, éste dominaría y el pequeño no tendría mucho poder en sus manos", afirma Hix.
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Los chimpancés también tienen otras estrategias políticas muy similares a las de los humanos.
"Cuando un macho viejo pasa su mejor época y ya no pueden seguir siendo macho alfa, comienza a buscar y preparar a un macho joven que cree puede tener futuro como líder. Y este joven macho puede terminar siendo el nuevo macho alfa", explica el profesor de Waal.
"Esto lo vemos también con los humanos, todos esos políticos viejos que siguen teniendo enorme influencia en un partido".
Y el profesor Hix dice: "En la política democrática encontramos muchas veces que el líder de un partido no es siempre la persona con más poder dentro de ese partido".
"Porque serás líder del partido durante poco tiempo, mientras que las figuras políticas poderosas se mantienen dentro de los partidos durante 15 o 20 años".
"Son las grandes bestias que se encargan de manejar los hilos y no quieren al frente del partido a alguien que pueda ser más poderoso que ellos", dice el experto.
3. Es bueno que te teman pero es mejor que te estimen
Para los primates, ya sean chimpancés o humanos, es la perspicacia política la que al final determina quién es el que tiene el poder.
Si en un grupo con tres machos, uno es extremadamente fuerte, los otros dos tenderán a aliarse".
Frans de Waal, director del Centro Nacional de Investigación de Primates en Atlanta, Estados Unidos.
"Hay muchos libros empresariales que dicen que para ser 'un macho alfa' no debes dejar que nadie se salga con la suya, dales un golpe en la cabeza para que sepan quién manda, asegúrate que saben quién es el jefe, etc. etc.", dice Frans de Waal.
"Pero se ha demostrado que los mejores machos alfa en las comunidades de chimpancés no son necesariamente los bravucones o pendencieros, ni los machos más grandes y fuertes".
"Se trata de tener simpatizantes y de mantener contentos a tus simpatizantes, por lo tanto tienes que ser diplomático.Los verdaderos líderes chimpancés apoyan a las víctimas después de una pelea, los abrazan y los calman".
"Y esta también es la labor de los machos alfa en las sociedades humanas: los verdaderos líderes son los que van a lugares donde ha habido desastres como terremotos y ofrecen el apoyo a su pueblo".
4. Es bueno que te estimem pero es mucho mejor ser capaz de repartir premios
Los líderes quieren el apoyo de las masas. Igual que los políticos que están detrás de los votos, los líderes chimpancés quieren ser apreciados y también quieren ser capaces de redistribuir los recursos para apuntalar su apoyo.
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"Juegan con las crías de las hembras.Por lo general no están interesados en los infantes pero literalmente salen a besar a los bebés igual que los políticos humanos que les gusta sostener a los bebés en alto", dice el profesor de Waal.
"Otra cosa que hacen es que salen a recoger comida para compartirla con sus simpatizantes".
"(Toshisada) Nishida, el científico japonés que estudió a un chimpancé que fue macho alfa durante 12 años, encontró que éste reunía carne y seleccionaba a sus simpatizantes para compartirla, con lo cual, en resumen, había establecido todo un sistema de sobornos del que sacaba ventaja a su favor".
5. Las amenazas exteriores pueden apuntalar tu apoyo (si éstas realmente existen)
Tal como explica Michael Bang Petersen, profesor de psicología política evolutiva de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, "a menudo cuando pensamos en política creemos que se trata de algo complicado, de negociaciones sobre presupuesto nacional".
"Pero la política realmente trata de cuestiones básicas sobre como nos relacionamos con los otros, quiénes son amigos, quiénes son los enemigos, lo que está bien o mal, quién se merece nuestra ayuda y quién no", dice.
En efecto, una cuestión política básica es identificar a los amigos y a los enemigos.
Igual que los humanos, los chimpancés se ven involucrados en conflictos violentos con grupos rivales.
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"Los chimpancés son intensamente territoriales y defienden su espacio organizando grupos de patrulla con los machos dominantes buscando amenazas exteriores o individuos que intenten entrar en su territorio", explica Alison Cronin, de Monkey World.
"Y llevan a cabo esas patrullas de perímetro en la noche y en la mañana".
Así, cuando se ven amenazados por un agente externo, los grupos de primates se unen y olvidan sus problemas internos.
Y hay un concepto que se usa en ciencias políticas que refleja esta conducta en los humanos: "el efecto de agruparse ante la bandera", cuando una amenaza externa inesperada incrementa el apoyo al gobierno (por ejemplo, en la respuesta a los ataques de 11 de septiembre de 2001 en EE.UU.).
Fuente del Artículo:www.bbc.com/mundo
miércoles, 2 de septiembre de 2015
El circulo del 99.
Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz.
Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.
Un día el rey lo mandó llamar.
- Paje, le dijo, ¿Cuál es el secreto?
- ¿Qué secreto, Majestad?
- ¿Cuál es el secreto de tu alegría?
- No hay ningún secreto, Alteza.
- No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
- No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
- ¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿Por qué?
- Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos. ¿Cómo no estar feliz?
- Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar - dijo el rey.
Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
- Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando.
- ¡Vete, vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
- ¿Por qué el es feliz?
- Ah, Majestad, lo que sucede es que el esta fuera del círculo.
- ¿Fuera del círculo?
- Así es.
- ¿Y eso es lo que lo hace feliz?
- No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
- A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
- Así es.
- ¿Y cómo se salió?
- ¡Nunca entró!
- ¿Qué círculo es ese?
- El círculo del 99.
- Verdaderamente, no te entiendo nada.
- La única manera para que entendieras, seria mostrártelo en los hechos.
- ¿Cómo?
- Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
- Eso es, obliguémoslo a entrar.
- No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
- Entonces habrá que engañarlo.
- No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solo.
- ¿Pero el no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
- Si se dará cuenta.
- Entonces no entrará.
- No lo podrá evitar.
- ¿Dices que el se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en el y no podrá salir?
- Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?.
- Si.
- Bien, esta noche pasaré a buscarte. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. 99!-
- ¿Que más? ¿Llevo los guardias por si acaso?
- Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
- Hasta la noche.
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje.
Ahí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarro la bolsa y le pincho un papel que decía:
"Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie como lo encontraste".
Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, la apretó contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y se volvió a meter a la casa, el rey y el sabio se arrimaron a la ventana para ver la escena.
El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado solo la vela. Se sentó y vació el contenido sobre la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro!. El que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas solo para él.
El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacia brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacia pilas de monedas.
Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis... y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60 ... hasta que formó la última pila: 9
monedas!!
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más, luego el piso y finalmente la bolsa. "No puede ser", pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.
-¡Me robaron! -gritó. -¡Me robaron, malditos!. Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba.
-¡Solo 99! No puede ser, me falta una moneda.
-¡A nadie se le ocurriría dar solamente noventa y nueve monedas como recompensa!
Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro ¡Solo 99!. Noventa y nueve monedas de oro es mucho dinero, pensó. Pero me falta una moneda.
Noventa y nueve no es un numero completo - pensaba. -Cien es un número completo, pero noventa y nueve, no. ¡Necesito la otra moneda!
El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se le habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña.
Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el calculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.
-¡Doce años es mucho tiempo!, pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y el mismo, después de todo, el terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.
Saco las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. -¡Era demasiado tiempo!. Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender. Vender... Vender.
Estaba haciendo calor. ¿Para que tanta ropa de invierno? ?Para que más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.
El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99.
Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando con pocas pulgas.
- ¿Qué te pasa?- pregunto el rey de buen modo.
- Nada me pasa, nada me pasa.
- Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
- Hago mi trabajo. ¿No? ¿Qué quería su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.
Tu y yo, y la mayoría de nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología: Siempre nos falta algo para estar completos, y solo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron que la felicidad deberá esperar a completar lo que falta. Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.
Siempre necesitamos más para ser felices. Queremos algo, y cuando lo alcanzamos, entonces no es suficiente. Entonces queremos más para ser felices, y creemos que necesitamos más para ser felices, y luego más, y más. Pero que pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien, que noventa y nueve, que todo es solo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros, para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados.
Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están.
martes, 18 de agosto de 2015
El Naúfrago y el mar
Arrojado un náufrago en la orilla, se durmió de fatiga; mas no tardó en despertarse, y al ver
al mar, le recriminó por seducir a los hombres con su apariencia tranquila para luego, una
vez que los ha embarcado sobre sus aguas, enfurecerse y hacerles perecer.
Tomó el mar la forma de una mujer y le dijo:
- No es a mí sino a los vientos a quienes debes dirigir tus reproches, amigo mío; porque yo
soy tal como me ves ahora! y son los vientos los que, lanzándose sobre mí de repente, me
encrespan y enfurecen.
Moraleja: Nunca hagamos responsable de una injusticia a su ejecutor cuando actúa por orden de otros, sino a quienes tienen autoridad sobre él.
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